La Voz en el Espejo & Marajá Marajó 

(dos historias unidas por un guiño)

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(English version click here)

(video aquí)

Solo cuando uno no tiene miedo de lo que pueda suceder se anima a poner los dedos sobre el teclado y, cerrando los ojos, simplemente deja que sus dedos vayan a las teclas con sus letras correspondientes, sin tener la menor idea de lo que está siendo escrito. Así fue que me encontré con Marajá Marajó. Simplemente apareció, y desde ese instante ya no tengo miedo a nada. Cuando digo a nada, no es exageración o simplemente una forma de expresión sino que es la pura verdad. Marajá apareció sonriendo en la imaginación colectiva, en ese momento enfocada en mi persona. Claro que existe la posibilidad de que otros afortunados también hayan recibido este regalo.

Marajá se me presentó un día después de haber subido al Cerro Marmarajá y de que el viento me dejara de un folleto de un hotel en Mar de Ajó. Desde el punto de vista sonoro, si es que tal cosa pueda existir, me llamó la atención. Cada vez que me encuentro con estos “chistes” visuales, sonoros o de alguna otra índole, tengo la clara certeza de que está por pasar algo que nunca imaginaría. Marajá Marajó no es uno de esos príncipes de India ni vive en la isla de Marajó. No tiene edad, por lo que su vibración es algo así como la de un niño eterno.

No tenía idea de su existencia y claro que no me esperaba la “visita” de alguien tan honorable. En realidad, no esperaba ninguna visita. La noche anterior había tenido uno de esos sueños lúcidos que suelo tener cada vez más a menudo. En esos sueños soy consciente, me doy cuenta de que estoy soñando y a la vez viviendo increíbles situaciones que jamás podría vivir en el estado de vigilia. Cuando llego a la cama, empieza mi ceremonia. Me entrego durante un momento a la preparación de la inminente zambullida al vacío, sabiendo que volveré con información valiosa. Aunque la verdad sea dicha, ya la vigilia y el sueño se están entremezclando cada vez más, haciendo que el sueño sea simplemente una continuación del no-sueño. Este a su vez deja paso al otro continuando una trama que se va creando noche y día. Así que aquello de que volveré con información valiosa del sueño, ya no es exactamente así. A veces incluso llego a plantearme si volveré y si hay a dónde volver.

Como les decía, la noche anterior a la llegada de Marajá, soñé vívidamente, conscientemente, lúcidamente, estando en estado presente. En ese sueño me miraba en un espejo, cosa que no hago a menudo en la vigilia ya que los espejos siempre nos reflejan el pasado, siendo que el tiempo en que la imagen frente a nosotros llega de vuelta a nuestra retina, es un lapso considerable y por lo tanto la imagen que vemos ya es vieja. Pero esta vez, al mirarme, mi imagen desapareció o mejor dicho no apareció. No había rastro de mi rostro. Tal vez la imagen en el espejo era tan vieja que yo ni siquiera había nacido. De haber sido filmada esa escena  tendría que haber sido en cámara lenta a una potencia muy elevada. Simplemente yo no me veía reflejada, pero estaba mirándome al espejo.

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Para mi sorpresa sí había una voz y era no era otra que la mía. Mi propia voz, pero cómo decirlo… con otra profundidad, otra cualidad, otro tono, otra textura, otros armónicos, otro color. En fin, otra voz, pero a la vez mía.  Se expresaba con un refinamiento difícil de describir. Las palabras usadas por La Voz eran exquisitas, poesía pura, melodiosas. Pausas llenas de hermoso vacío, sílabas rítmicamente exóticas, respiración delicada y armoniosa, bella música para mis oídos. Me habló durante un lapso de tiempo imposible de describir. Fueron horas, semanas, meses, años, siglos que pasaban y a la vez no eran más que milésimas de segundo. Lur, una perra que pertenece a ella misma y nos hace compañía, sí estaba reflejada en el espejo al igual que el resto de la habitación. Justo cuando La Voz comenzó a hablar, Lur empezaba a mover una pata para rascarse. Cuando La Voz concluyó, la pata de la perra no sólo no había llegado al lugar donde le picaba sino que parecía no haberse movido.

No tengo forma de reproducir lo que dijo La Voz, pero quedó incorporado a mi nave vital, como le llamo a mi cuerpo desde entonces. No puedo ya que no la grabé de forma de volver a oírla o de compartirla, pero como les decía, se me incorporó. No sentí para nada estar siendo inducida, hipnotizada, siendo controlada mentalmente o de ninguna otra forma. Es obvio que, de alguna manera, tuvo mi consentimiento para formar parte de mi, a partir de ese momento. Era mi voz, ¿cómo iba a desconfiar de ella?

Les aseguro que me encantaría poder contarles tal como fue, pero además de no haberla grabado, hay más motivos por los cuales no puedo hacerlo. Imposible repetir lo que dijo porque La Voz habló de atrás para adelante, como si uno escuchara una cinta pasada al revés o leyera de derecha a izquierda, como se hace con algunas lenguas. Mismo así, de alguna manera, yo estaba entendiendo y asimilando totalmente el contenido de la información.

No olvidemos que La Voz apareció en el espejo, el otro lado, o al menos otro lado. Un lado donde todo se ve desde un punto de vista opuesto, por decirlo de alguna forma. Es interesante también ver que en un espejo uno espera justamente Ver. Y que es más que inesperado que se escuche una voz en algo que ha sido creado para poder verse. Como si ese espejo fuera más para oír que para ver, aunque lo único que no salía reflejado era yo.

El espejo era el punto de partida, hacia un lado y hacia el otro. Hacia un lado, un cuarto con un escritorio, una cama con una guitarra encima, una cómoda, una alfombra persa, una lámpara portátil, una ventana abierta y una perra a punto de rascarse. Del otro lado, la imagen de todo lo anterior más una voz hablando al revés.

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La Voz me mostraba que hay una vida, hacia ese lado del punto de partida, que va a la inversa, y que estoy viviendo allí tanto como aquí. Pero allí estoy más siendo que viviendo. Es como si se fuera del presente hacia el pasado, aunque no es exactamente así. Es otra vida, con características similares pero también completamente distintas. Tampoco es literalmente lo opuesto. En este lado sólo vemos una minúscula parte de lo que existe y de lo que está pasando, e incluso ese ridículo pedacito de lo que vemos puede no ser real, y vaya si puede, teniendo en cuenta las limitadas y atrofiadas capacidades que se poseen por aquí. Entonces, resulta prácticamente imposible tener alguna idea de cómo es de ese otro lado, intentando comprenderlo desde “aquí”.

El espejo, el punto cero, es un tema en sí mismo. También se puede estar allí. Es como el punto muerto en el coche: no está exactamente muerto, ya que en cualquier momento puede pasar a la acción. Se encuentra en estado latente.

Ahora bien, volviendo a Marajá, él se me presentó en la escritura cuando, de ojos cerrados, puse mis dedos sin pensar de antemano en qué escribir. Debería poder compartir sus palabras ya que fue escrito, pero en el mensaje quedó claro que no sería posible leérselo a alguien. Si quiero mostrar lo que dijo, desaparecerá. Es más, ni siquiera he vuelto a mirar lo que dictó porque me hizo saber que no lo releyera. Quién sabe si aún está allí, y si lo está, si será de la misma manera en que lo recuerdo, o se transforma mientras no lo busco para leer. Si más adelante lo llegara a ver, existe la posibilidad de que lo que está escrito sea otra cosa totalmente diferente.

Me toca expresar su relato de un modo que desconozco y supongo que lo descubriré a medida que se vaya haciendo.

De donde Marajá viene, que es de donde supuestamente muchos venimos pero pocos recordamos, no hay no. No existe la palabra No, así que su comunicación fue totalmente sin usar NO de principio a fin. Pero no sólo no hay No, sino que no hay nada que contenga una negación. Por ejemplo no existe Nada. Nada de nada, ni tampoco Ni.  Y por supuesto tampoco Tampoco. Como claro está que nunca se usa Nunca y jamás Jamás.

¿Por qué?  Por lo que decía: la negación no existe. No es que se niegue la negación, ya que por supuesto no existe negar.

IMPOSIBLEEn donde él está todo es posible, de modo que ¿cómo sería posible que algo no lo fuera? Así que allí es imposible lo Imposible. Al ser todo posible su vida como la de todos quienes habitan donde él está, es completamente distinta a la nuestra. Nadie se cuestiona nada porque no existe Nada Ni Nadie. Ninguna persona se plantea esta cuestión porque no existe Ninguna persona así como lo conocemos, ni Ninguna cuestión. No hay problemas. Una dimensión sin problemas, sin preocupaciones, sin nada negativo. Un sitio sin igual donde no se escuchó nunca la palabra Sin. Es un lugar sin Sin. Allí sólo hay lo que es cuando no existe la negación, cosa que me lleva a sentir claramente que entonces aquí donde “estamos”, hay algo que está muy raro. Algo que no debería estar sucediendo y entonces haría falta una corrección. Algo así como un error, una falla de la creación o un virus.

Peor es otra de las palabras inexistentes. No hay nada peor que nada, y como verán esta sola frase está repleta de negación, así como casi todo lo que he dicho hasta aquí. No se puede estar en contra de algo o de alguien, no porque esté prohibido sino porque simplemente no es posible.

A su vez, al no existir esas palabras, entonces las contrarias a esas negaciones que son las afirmaciones, no tienen sentido de ser. De esta manera, el vocabulario se hace cada vez más pequeño, estrecho,  por no usar limitado, que es otro vocablo que no es. Lo contrario de peor que es mejor, no tiene cabida ni lugar en ese lugar.

Sin embargo, con todas estas palabras fuera del lenguaje, Marajá habló mucho. Dijo tanto, tantísimo, que como les decía al principio, tuve la sensación de que me hizo entrega de milenios de información. Claro que la información no se mide en tiempo, aunque en este lado del espejo pasarla lleve un período determinado, o mejor dicho algún movimiento de las agujas de un reloj, establecido por un sistema arbitrario impuesto a esta dimensión. Pero allí, simplemente no se mide. No hay medida ni de tiempo, ni de altura, ni de distancia, ni de lo que sea aparentemente medible por aquí. De este modo sigue reduciéndose el lenguaje, y a propósito tampoco existe reducir el lenguaje o cualquier otra cosa. ¿Por qué habría de existir reducir, cuando no hay por qué reducir, o nada es reducible?

Así que luego de explicar esto tendría que encontrar la forma de escribir sin estas palabras y otras tantas relacionadas con la negación. ¿Será que se puede?

Comprendí que allí donde Marajá es, vive mi parte inconsciente, y ésta  es a otra velocidad que la de la mente. Lo ve todo de una, no necesita ninguna explicación para saber, como no necesita tiempo para conocer ni aprender. Comprende lo que es siéndolo. Y al serlo todo porque esa velocidad tan veloz en la que vive sin velocidad le permite serlo, no registra el No o las demás palabras negativas. Simplemente porque no es natural, es una palabra artificial puesta en el lenguaje, de alguna manera, para que quedemos sumergidos en una dualidad de conceptos, ideas y pensamientos. Desde esta visita, tengo la certeza de algo que ya venía sospechando desde hace mucho: la velocidad de la luz no es la más veloz y es sin embargo, la que nos tiene atascados en esta ilusión limitada de la que por supuesto podemos salir.

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¿Por qué hay necesidad de los opuestos? Ahora también me queda claro que no la hay. Está perfecto prescindir de la dualidad, no es obligatoria y no hay ni que cruzar el espejo para estar donde no existe, siendo que ya estamos allí. Si lo aceptamos y no ponemos obstáculos, entonces lo vivimos conscientemente. Es más, se crea allí y aquí se vive lo creado. Sólo que por este virus que se apoderó de nuestra mente, ésta ya no es plena y no podemos vivir plenamente lo creado. Tan solo podemos olfatearlo un poco, pero por causa de esta foránea creencia de limitación que nos ha convertido en nuestro propio parásito, ya lo creado ni siquiera huele bien y tendemos a apartamos justamente por el mal olor. Lamento, pero la mente huele fatal, y no hay más remedio que lidiar con lo virulento de una vez, para que su aroma original vuelva a hacerse presente y ya no creemos más una realidad que apesta.

Otra cosa que me quedó clara para siempre, desde el encuentro con Marajá, es que aquí utilizamos la capacidad de aprendizaje para aprender lo que no es. No hay necesidad de aprender lo que es, pues simplemente es.

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El inconsciente, que viene a ser como la parte más grande y no visible del iceberg, recibe nuestros pensamientos de la siguiente manera: cuando decimos NO más guerra, entiende “más guerra”. ¡Ay, ay, ay!  Podemos escribir unas cuantas frases que se repiten mucho en nuestra vida cotidiana, así como en las manifestaciones populares, como resultado de la discrepancia y el rechazo a situaciones que no queremos vivir o a las que nos someten los gobernantes de turno. No a la violencia, No a los transgénicos, No a los aumentos de impuestos, No más pobreza, etc, etc, etc…. Y así, el inconsciente colectivo va creando todo lo contrario, porque la negación no es parte de la esencia de su ser.

De esta manera es como nosotros mismos nos hemos estado sometiendo a unos pocos que conocen nuestro mecanismo de creación. Se aprovechan de que ignoramos quienes somos realmente, y también de nuestra inocencia, de alguna manera. Saben que tenemos el poder de crear con la imaginación, y si muchos estamos imaginando lo mismo, entonces será.¡Y vaya si tenemos una increíble e inagotable imaginación!

Pero, ¿cómo sacarse este virus?  Simple, como con cualquier otro virus, ya que no sobrevive si no lo alimentamos.

Así que desde que Marajá me contactó y me conectó, simplemente reforzó lo que ya venía sintiendo desde siempre. Y no es que sea vidente ni me crea para nada especial. Es simplemente que el inconsciente se ha estado haciendo cada vez más audible y evidente cuando sueño lúcidamente y se ha ido apoderando de la llamada vigilia, donde en realidad, seguimos soñando, pensando que estamos despiertos.

Menos y menos negación para habitar más y más la olvidada afirmación. No se trata de taparse los ojos para no ver lo que está pasando en el mundo y a nuestro alrededor, simplemente repitiendo mántricamente palabras bonitas y positivas y negando la existencia de lo negativo. Viendo, pero sabiendo que lo que veo es creado por mi y por todos en esa imaginación colectiva, entonces decido cambiar mi forma de participar y dejar de hacer el juego fácil para los que se están aprovechando de que soy un imaginador, un creador. Que se busquen la vida en otro lado, conmigo ya no va más. Es algo así como dejar el chupete. El dios y la diosa en pañales que he sido, no se permite estar un solo minuto más en contacto con la caca. La deja ir junto con los pañales, como es lo normal.

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Todo lo trasmitido por Marajá, se reduce a esta simple frase, o mejor dicho, a esta nueva palabra: SOYDYOS. Podría haber escrito con los dos vocablos Soy Dios, pero lo hizo como una sola palabra. De esa manera es un palíndromo. Ya ven, estamos en el espejo otra vez, pudiendo leerse de derecha a izquierda lo mismo que al revés, y así tener la posibilidad de reverlo. Si la letra D es el centro del palíndromo, entonces, de ambos lados lo que queda es SOY. Sólo soy. Soy lo que soy. Soy, siempre.

¿Qué más se necesita saber?  Soy, sin principio ni fin, y de esa manera, el temor deja de ser. El velo se veló, y Soy se reveló. ¿Qué fin tendría el Temor si no hay lo que temer? Es tan solo un pobre virus que desaparece al no ser alimentado. Simplemente dejo de imaginarlo, de proyectarlo y así es el fin de esta película de tan mal gusto en la que he participado sin darme cuenta. ¡Vaya película de terror!

mirrorpodcast2Del lado del espejo en que existe la ilusión de negación y de oposición, donde supuestamente estoy (aunque cada vez menos) también siempre hay algo en medio, aunque no siempre sea visible, audible o perceptible con otros sentidos ya que hay tantos matices posibles.

Entre el frío y el calor siempre habrá un tibio, tibiecito, tibión, menos tibio, mucho menos tibio, requetetibión e igual hacia el otro lado: fresquito, fresco, más fresco, y así… Entre el Sol y la Tierra suele andar la Luna, entre arriba y abajo media un medio, entre el pasado y el futuro está presente un presente, sólo por poner algunos ejemplos obvios. Lo mismo sucede en la música: entre un tono y otro hay medio tono, entre dos medios tonos hay cuartos tonos…. hasta llegar a …¿dónde?

Y entre los “entre”, hay más y más entres, que vienen a ser vacíos. Un entre está lleno de vacío. Por cualquiera de esos vacíos que están conectados con los demás y así contienen al Gran Vacío, podemos meternos e irnos de donde estemos cuantas veces sea. Lo hacemos a diario, sin darnos cuenta. Es como si el “entre” nos hiciera la invitación: “entre, por favor.” Está abierto en todo momento, 24 horas por día, todo el año. Un servicio gratuito y disponible, sin condiciones ni limitación de horario para su uso así como sin huso horario. Por esos “entre” es que nos mandamos información de un lado a otro, nos vienen ideas que no habíamos imaginado, soluciones de verdad y no a medias como cuando queremos resolver cosas al estilo de este lado.

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Aquí en este lado del espejo, tengo que afirmar y firmar una especie de contrato con la afirmación, y entonces, a su vez, lo estoy haciendo también con la negación ya que todo tiene su opuesto. El soy que soy del otro lado me está enviando información constantemente.  Ahora lo sé, pero pasé mucho tiempo sin tener idea de que era así. Aquí andamos  un poco sordos y no oyendo entre, sino escuchando todo el resto. Y el resto es puro ruido, puro blabla para tratar de entender lo inentendible, en vez de serlo.

Estas dos intervenciones directas de la creación en mi nave vital (la Voz en el Espejo y la visita de Marajá Marajó) no están separadas, como se darán cuenta. Es como si yo misma me hubiese hecho una guiñada en medio de ambas, entre ambas, para prestar atención a dejar de prestar atención a lo que no es. ¿A quién le estoy prestando atención cuando lo hago, o a qué? Si la presto ¿me es devuelta? Mmmm, sospecho. La sospecha es tal, que deja de ser sospecha.

Atención a la atención, escucho decirme. ¡Guarda con ella ! Si presto atención a algo cobra vida y ¡vaya si me la cobra!  Para poder pagar lo que cobra tengo que trabajar como un esclavo. Sin embargo, si me entrego a los “entre” que hay entre las cosas o situaciones en las que usualmente pongo atención, entonces…

Entonces Ajá, Ajajá, Ajajajá, Ajajajajajajajajajajajajaajajajajajajaja……..

Gracias a Marajá Marajó y a La Voz en el Espejo se liberó mi presa libertad que se expresa ahora en su totalidad. ¿Temor, miedo? Despedidas estas palabras, me despido libremente.

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© 2016 Lucy Da (Mariana Ingold)

Derechos reservados

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